domingo, 30 de agosto de 2009

HIMNO A LA MATERIA

"Bendita seas tú, áspera Materia, gleba estéril, dura roca, tú que no cedes más que a la violencia y nos obligas a trabajar si queremos comer.
Bendita seas, peligrosa Materia, mar violenta, indomable pasión, tú que nos devoras si no te enca­denamos.
Bendita seas, poderosa Materia, Evolución irre­sistible, Realidad siempre naciente, tú que haciendo estallar en cada momento nuestros encuadres nos obligas a buscar cada vez más lejos la Verdad.
Bendita seas, universal Materia, Duración sin límites, Éter sin orillas, Triple abismo de las estrellas, de los átomos y de las generaciones, tú que desbordando y disolviendo nuestras estrechas medidas nos revelas las dimensiones de Dios.
Bendita seas, impenetrable Materia, tú que, tendi­da por todas partes entre nuestras almas, y el Mun­do de las Esencias, nos haces consumir en el deseo de atravesar el velo inconsútil de los fenómenos.
Bendita seas, mortal Materia, tú que, disociándote un día en nosotros, nos introducirás, por fuerza, en el corazón mismo de lo que es.
Sin ti, Materia, sin tus ataques, sin tus arranques, viviríamos inertes, estancados, pueriles, ignorantes de nosotros mismos Y de Díos. Tú que castigas y, que curas, tú que resistes y que cedes, tú que trastruecas y que construyes, tú que encadenas y que liberas, Savia de nuestras almas, Mano de Dios, Carne de Cris­to, Materia, yo te bendigo.
Yo te bendigo, Materia, y te saludo, no como te describen, reducida o desfigurada, los pontífices de la ciencia y los predicadores de la virtud, un ama­sijo, dicen, de fuerzas brutales o de bajos apetitos, sino como te me apareces hoy, en tu totalidad y tu verdad.
Te saludo, inagotable capacidad de ser y de Trans­formación en donde germina y crece la Sustancia ele­gida.
Te saludo, potencia universal de acercamiento y ,de unión mediante la cual se entrelaza la muchedum­bre de las mónadas y en la que todas convergen en ,el camino del Espíritu.
Te saludo, fuente armoniosa de las almas, cris­tal límpido de donde ha surgido la nueva Jerusalén.
Te saludo, Medio divino, cargado de Poder Crea­dor, Océano agitado por el Espíritu, Arcilla amasa­da y animada por el Verbo encarnado.
Creyendo obedecer a tu irresistible llamada, los hombres se precipitan con frecuencia por amor ha­cia ti en el abismo exterior de los goces egoístas.
Les engaña un reflejo o un eco.
Lo veo ahora.
Para llegar hasta ti, Materia, es necesario que, partiendo de un contacto universal con todo lo que se mueve aquí abajo, sintamos poco a poco cómo se desvanecen entre nuestras manos las formas particu­lares, de todo lo que sostenemos,, hasta que nos en­contremos frente a la única esencia de todas las con­sistencias y de todas las uniones.
Si queremos conservarte, hemos de sublimarte en el dolor después de haberte estrechado voluptuosa­mente entre nuestros brazos.
Tú, Materia, reinas en las serenas alturas en las que los Santos se imaginan haberte dejado a un lado; Carne tan transparente y tan móvil que ya no te distinguimos de un espíritu.
¡Arrebátame, Materia, allá arriba, mediante el esfuerzo, la separación y la muerte; arrebátame allí en donde al fin sea posible abrazar castamente al Uni­verso!"
Abajo, en el desierto que se ha vuelto a calmar, alguien lloraba: "¡Padre mío, Padre, mío! ¡Qué vien­to alocado se lo llevó!"
Y en el suelo yacía un manto.
Jersey, 8 de agosto de 1919.
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Pierre Teilhard de Chardin

1 comentario:

Mauro Birlangeri dijo...

hey men/women, te sigo donde quiera que resida tu centro de informacion, un saludo